Bullying versus Solidaridad

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Por Gisela Fischman

El acoso escolar es un tipo de maltrato, metódico y sistemático, en el que uno o varios estudiantes buscan someter a otro. Si bien la agresión puede ser física, estadísticamente, la intimidación psicológica se da con mayor frecuencia, en especial entre mujeres. Demás está decir que el daño provocado a las víctimas por la destructividad de las conductas de los agresores es profundo e indeleble y sus consecuencias pueden llegar a ser catastróficas.

Entonces, se trata de un tipo de vínculo en el cual existe una distribución desigual del poder que deriva en un abuso del mismo.

La renombrada psicoanalista de niños, Françoise Dolto, decía que si un niño es acosado, es porque no tiene amigos que lo defiendan. De esta idea se deduce que, cuando existe solidaridad entre compañeros, el acoso no tiene lugar porque el grupo tiende a reprobar estos comportamientos y a aislar a quienes los realizan.

Se entiende así que la solidaridad es, en rigor, una forma de cuidado de unos hacia otros, y que, paradójicamente, esto se logra gracias a la presión grupal que -en este caso- posee connotaciones positivas.

Más allá de las razones personales de cada niño o adolescente, tanto el silencio como la indiferencia son formas de complicidad e implican tomar partido, es decir que, ya sea implícita o explícitamente, el resto de los niños establece una alianza con los agresores, aunque crean que no participan del conflicto.

Por mi parte, creo que nuestra tarea como padres y educadores es implantar -benévolamente y más con el ejemplo que con palabras- el chip de la solidaridad en las generaciones más jóvenes, aunque quizás, para eso, deberíamos chequear primero si nosotros mismos lo tenemos instalado.

Ps. Gisela Fischman

Para más información visita: www.giselafischman.cl