Chilenos que viven en Europa hablan del COVID-19 y sus consecuencias

El COVID-19 ha golpeado al mundo entero y Europa no ha sido una excepción. Central Web ha recorrido el viejo continente en busca de testimonios de chilenos que han sufrido en sus carnes los peores momentos de la pandemia.

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Photo by Alvaro Araoz on Unsplash

Por Carlos Colomer, periodista freelance en Europa

Madrid, España. El 17 de marzo de 2020 Europa encendía todas las alarmas frente a una nueva amenaza: el COVID-19. Meses después vemos como sus consecuencias han sido devastadoras para un continente que está acostumbrado a ver desde lejos las grandes problemáticas mundiales.

Si la situación de emergencia sanitaria provocada por el COVID-19 ha sido difícil para los chilenos residentes en Chile, más todavía lo ha sido para aquellos chilenos que han tenido que vivir esta extraña situación fuera de su país natal y lejos de sus amigos y familiares. Y en especial, ha sido una circunstancia incierta y devastadora para Europa y sus habitantes, que, a pesar de estar acostumbrados de gozar de los privilegios habituales del primer mundo occidental, no han conseguido esquivar a un virus que ha alcanzado su máximo exponente en tierras europeas.

Según fuentes oficiales, en Europa residen entrono a 2 millones de chilenos. Algunos de ellos viajaron a este viejo continente para estudiar en universidades de prestigio, muchos otros viajaron en busca de buenas oportunidades laborales, y otros simplemente buscaban un cambio cultural. Pero el coronavirus no entiende de razones a la hora de contagiarse, y todos los chilenos residentes en Europa se han visto envueltos en una pesadilla sin precedentes que ha sembrado la incertidumbre y el miedo en millones de ciudadanos. Recogemos el testimonio de los chilenos que están sufriendo esta crisis mundial y europea en primera persona.

“Ha sido el año más difícil desde que vivo en Europa”

“Ahora mismo, mientras te hablo, yo tengo el coronavirus, y soy una cifra más de entre los millones de contagiados, y esto me ha impactado mucho”. Esto contaba a Central Web Gaspar Blamir, un chileno de Santiago que vive en Europa desde 2009. Ahora se encuentra en Roma terminando un doctorado, pero antes ha vivido en Alemania y en España y, según dice, este es el año más extraño e incierto que ha vivido desde que llegó a Europa: “ha sido impresionante como una noticia que parecía tan lejana en China, de repente nos la hemos encontrado en Italia en Marzo”.

Gaspar es filósofo y cuenta que él solo necesita libros y un ordenador para trabajar, pero asegura que el confinamiento afecta mucho desde el punto de vista psicológico: “no es lo mismo trabajar en casa que salir fuera, relacionarte con otras personas, despejarte…” Afirma que el primer reto que ha tenido es procurar mantenerse bien psíquicamente. Para ello, cuenta, le ha ayudado mucho vivir en una residencia junto con otras personas que también están cursando estudios: “esto me ayuda mucho a no encerrarme en mi mismo y pensar como puedo ayudar a mejorar esta situación”.

Inevitablemente su mente se va muchas veces a Chile, donde tiene a toda su familia que también ha sufrido las consecuencias de este virus. Gaspar afirma que lo peor de este virus es tener que vivir con incertidumbre: “Iban a venir familiares a verme a Roma este año, pero con este virus ha hecho que sea imposible… Hay que vivir siempre el presente. El futuro da esperanza, pero ahora es difícil y eso nos ayuda a buscar el sentido a nuestra vida y a nuestra situación actual.”

Este chileno “atrapado” en Roma también afirma que otra de las cosas que ha aprendido es a ser agradecido con todo: “hemos estado unos días sin café en la residencia… Pero piensas en tantos fallecidos y médicos que han dado su vida y uno se da cuenta que en la sociedad actual es todo muy artificial”.

También explica con alegría que este año ha sido el que más unido ha estado con su familia de Chile, ya que el confinamiento obligatorio le ha permitido dedicar más tiempo para hablar con sus familiares: “ha sido muy especial poder hablar con mi abuela muchas veces. Ella vive en Santiago, y a pasado meses enteros sin ningún tipo de visita. Todos los nietos nos conectábamos por videollamada para hacerle compañía… y hemos escuchado historias de su boca que nunca nos había contado. Este virus nos separa físicamente, pero nos une más fuerte que nunca desde el punto de vista afectivo”.

“La sensación de no poder volver es muy frustrante”

Otro caso es el de José Pablo Olivares. Hace tres años dejo Chile para estudiar Derecho y Relaciones Públicas en una universidad de prestigio en España. Ante esta extraña situación, José Pablo tiene un mensaje claro que no olvidará en toda su vida: “este virus nos ha llevado a pensar más en los demás y no tanto en nosotros mismos. La solidaridad se contagia mucho más rápido que el COVID-19”. Europa es un continente acostumbrado a ver las grandes problemáticas desde la distancia, y este nuevo e inesperado virus ha sido una prueba para el viejo continente: “pienso que en Europa ha habido una rápida concienciación sobre esta extraña situación que nos ha tocado vivir, nos ha pillado a todos de forma inesperada y no ha sido fácil adaptarse.”

A José Pablo el virus también le sorprendió en la residencia de estudiantes donde reside en España y, según dice, las medidas se adaptaron de la manera más rápida posible: “cuando comenzó el confinamiento yo me encontraba en mi residencia universitaria, muy rápidamente se tomaron las medidas para controlar la situación”.

Pero asegura que lo peor ha sido no poder volver a su país y ver a sus familiares: “el no poder volver a mi país me ha frustrado, ya que las fronteras las habían cerrado y tenía que esperar a que la situación se tranquilizara para poder viajar”. Esta situación ha sido similar para millones de estudiantes que han querido volver a sus domicilios durante la pandemia, pero les ha sido imposible debido a la incertidumbre de los vuelos y las restricciones impuestas por los gobiernos europeos para controlar la expansión del virus.

José Pablo cuenta que lo peor ha sido no poder ver a su familia durante tanto tiempo: “realmente soy muy joven y no estoy acostumbrado a estar tanto tiempo sin ver a mi familia, lo he llevado más o menos bien, pero se que no nos podremos ver en mucho tiempo, esto me ha llevado a madurar más rápido”. Las nuevas tecnologías han sido su conexión con su familia y sus amigos de Chile, y aunque no es lo mismo que verlos físicamente, al menos sirve como un pequeño consuelo en estos difíciles tiempos.

“Europa también es vulnerable”

Carlos Jodre es natural de San Antonio (Chile), en septiembre de 2016 aterrizó en España con su familia para trabajar en una empresa de software. Cuenta que la pandemia ha sido un parón en su vida social y laboral, y le ha servido como punto de reflexión para valorar las cosas buenas que tiene la vida.

Carlos tenía la costumbre de pasar muchísimo tiempo fuera de casa haciendo diversas actividades y en compañía de amigos y familiares, pero un día inesperado llegó la pandemia y todo se acabó: “tuvimos que adaptar y compartir nuestra vida con menos amigos y eso era muy extraño para nosotros. No ha sido fácil adaptarse, pero cuando hay vidas en juego hay que tomarse las cosas en serio.”

También le afectó a su trabajo. Él trabaja en una empresa de software, y desde el primer momento comenzó con el trabajo a distancia: “tenía que estar mucho tiempo frente a un ordenador trabajando y estudiando, y pasaba más de 12 horas al día frente a un ordenador encerrado en mi casa… ha sido todo un reto psicológico”.  Porque claro, asegura que la verdadera batalla ha sido la de mantener la salud mental.

Está convencido de que de todas las situaciones se puede sacar algo bueno, y, dice que en este caso en particular hemos aprendido dos cosas fundamentales para cualquier ser humano: “que nos podemos adaptar a cualquier situación y que somos muy vulnerables.”

Pero sin duda asegura que la mayor frustración fue la lejanía con los familiares y amigos de Chile: “las principales dificultades que sufríamos como familia fueron que teníamos familiares de Chile que nos iban a visitar y con esta pandemia no pudieron venir”. También cuenta que a algunos familiares y amigos de Chile han sufrido problemas psicológicos debido a esta pandemia, y esto sin duda ha sido otra cuestión que le ha afectado mucho: “el no poder ofrecer nada más que consuelo desde la distancia es muy frustrante”.

“Los frentes eran demasiados y la situación muy incierta”

Viviana del Carmen Bahamondes también quiso contar su experiencia a Central Web. Nació en Temuco, al sur de Chile, y vive en España desde hace 9 años. En Chile era profesora de biología, pero por motivos de homologación en España no ha podido trabajar de lo mismo y lleva 5 años en procesos diplomáticos para conseguir los permisos. Mientas tanto ha aprendido diferentes idiomas, y en la actualidad es presidenta de la Asociación Casa Chile de Valencia.

Cuenta que la pandemia ha afectado a su vida cotidiana de dos formas: “en un primer momento la preocupación por la situación global y, en un segundo momento, la esperanza de retornar pronto a la dinámica cotidiana. Miraba a todas horas el móvil para ver el número de contagios en España y en Chile”.

Explica que, al principio del confinamiento, el día a día resultó hasta positivo: “mi marido era el que realizaba las compras, y yo seguía las clases online con mis dos hijas. Resultaba muy positivo porque nos daba la posibilidad de estar más tiempos juntos en familia, que no suele ser habitual”.

Más adelante, explica, la situación fue más compleja ya que llevaban 5 meses de confinamiento y los números de contagio no disminuían, la situación no se resolvía y la comunicación con sus seres queridos era constante para saber su estado de salud. También se vio en la obligación de reforzar la educación de sus dos hijas. Y en estas circunstancias, según cuenta, llegó a sentirse muy nerviosa y con estrés debido a la situación.

Como cosas positivas de la situación se lleva el valor de la presencia de los seres queridos y de las personas que tenemos a nuestro alrededor, el poder conocer la situación escolar muy detallada de sus hijas, el mantener o retomar la comunicación con familiares y amigos y dedicarse a lo más importante sin tratar de cumplirlo todo.

También explica que fue especialmente duro ver como su madre se contagiaba de COVID-19 en Chile: “nos comunicábamos con ella varias veces al día y le transmitía lo que se hacía aquí para combatir el virus”. Afirma que el COVID-19 ha provocado que se cree un gran vínculo con su familia de Chile, y asegura que le ha hecho poner más énfasis en esta comunicación que todos necesitamos para afrontar la vida.

“Sentirme imponente frente a la situación de mi madre, coordinar muchas tareas a la vez como presentar trabajos propios y de mis hijas, tareas de casa, participación en la asociación… los frentes eran demasiados y la situación era muy incierta”, cuenta Viviana con esperanza hacia el futuro.  La situación en Europa continúa siendo incierta, las medidas de prevención de contagio siguen en su máximo exponente, y en el futuro queda una tímida esperanza de que esta extraña e incierta situación terminará cuanto antes.