¿Cómo nuestras creencias pueden orientar nuestro actuar?

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Por Carol Jacusiel

Las creencias son pensamientos que uno tiene sobre ciertas cosas o temas y que orientan el actuar. Pueden ser verdaderas o falsas. Al ser verdaderas, se convierten en certezas y al ser falsas, o inciertas, limitan nuestro actuar.

Según Wikipedia, “una creencia es el estado de la mente en el que un individuo supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa; cuando se objetiva, el contenido de la creencia presenta una proposición lógica, y puede expresarse mediante un enunciado lingüístico o como afirmación. Básicamente creer significa dar por cierto algo, sin poseer evidencias de ello.”

Para el coaching, “Las creencias son las normas de tu vida, las reglas según las cuales vives. Estas normas pueden ser liberadoras y potenciadoras, y darte permiso para lograr tus objetivos y vivir de acuerdo con tus valores, pero también pueden ser obstáculos que hagan imposibles tus objetivos o que te llevan a pensar que no eres capaz de alcanzarlos.” (O´Connor y Lages, Coaching con PNL, 2004)

Es así como, la experiencia y el traspaso de creencias de otros van configurándolas en la persona y van guiando el actuar. A medida que los niños van creciendo, van incorporándolas en su acerbo personal. También hay creencias que se incorporan a lo largo de la vida. El gran problema es que muchas son limitantes. Limitan el actuar y ponen un freno. Cuando una persona dice: “He postulado a dos trabajos y no me han llamado, será porque mi CV no es atractivo”; “he ido a tres entrevistas y no he quedado en el trabajo, no debo servir”.

El problema es que se convierten en una certeza para la persona. Sin embargo, no hay personas “buenas” o “malas” per se. Las personas son lo que son y deben sacar a relucir sus potencialidades. Si éstas son adecuadas para un trabajo, relación, u otro, dependerá del contexto y de la otra persona. Siempre habrá un lugar que se pueda encontrar.

Hay que superar este obstáculo. Hay que pensar positivo y que esa creencia no se hará efectiva, sino que seremos capaces de sortearla con éxito, con nuestra capacidad y potencialidades para lograrlo.

Ejemplos hay muchos, es cosa de poner atención a nuestros pensamientos. Más fácil de identificar es si nos fijamos en aquello que nos limita: “no puedo”, “es una persona incapaz de escuchar”, “es pesado”, “no se puede con él”, “me voy a poner nervioso”, “he mandado tantos CV y nunca me llaman”.

En cambio, hay creencias que impulsan y potencian el actuar, como es “lo pienso, lo hago, lo logro”, “me va a ir bien”, “siempre es buena”.

Un cambio de pensamiento y de actitud hacia lo positivo hace que, tanto la persona, como sus interrelaciones se hagan más positivas, más agradables, que tengan “buenas vibras”. Eso se transmite, se siente en el aire y genera actitudes e interrelaciones positivas.

Aquellas personas que hacen positivo su pensamiento y su actitud, generan un cambio positivo a largo plazo.

Para más información visita: www.caroljacusiel.cl