Descontento y empatía

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Por Carol Jacusiel

En nuestro país (Chile), las últimas semanas nos hemos visto envueltos en un mar de protestas, por distintos temas, de descontento, que, además, los violentistas y delincuentes han aprovechado para saquear y destruir las ciudades. Lamentablemente, como ocurre siempre, los más perjudicados con los actos vandálicos son los que más necesitan ayuda: la clase media, esforzada que han tenido que levantar su negocio con tesón, con dedicación familiar para poder educar y sacar adelante a la familia.

¿Qué pasa con los negocios que están en las cercanías de lo que se ha denominado la “zona cero”? Esto es, los negocios y oficinas cercanas a la Plaza Baquedano o Plaza Italia no han podido funcionar en dos semanas. Han sido saqueados y destruidos. No son transnacionales con “espaldas” que puedan soportar la crisis. Hay cientos de pequeños negocios, restaurantes, hoteles, que tienen que reconstruirse para poder funcionar y, sin embargo, siguen las protestas y destrozos a diario.

Los alumnos de Cuarto Medio ya se vieron afectados por el aplazamiento de la PSU y están con un estrés e incertidumbre que no saben qué va a pasar.

¿Qué se puede hacer entonces? Si el gobierno busca soluciones y caminos para satisfacer las demandas sociales, el resto de la población podemos con trabajo, esfuerzo y empatía hacia el prójimo sacar el país adelante, lograr que estemos cada día mejor.

Pero ¿qué es la empatía? “La empatía es la capacidad de percibir, compartir y comprender los sentimientos y emociones de los demás, basada en el reconocimiento del otro como similar. Identificar y reconocer lo que otro puede sentir, preocupándose por experiencias ajenas.” (Wikipedia)

Ayudemos no destruyendo y dejando que la mercadería llegue a los almacenes de barrios como La Pintana y Puente Alto, que se han visto muy afectados, desabastecidos y que necesitan volver a la calma, a poder abastecer el hogar de productos básicos y que necesitan tranquilidad para trabajar sin sobresaltos y sin emergencias.

Entonces, nos ponemos en el lugar del otro y decidimos no realizar aquello que lo perjudica. Muy relacionado con la libertad. Siempre se dice que mi libertad termina donde comienza la del otro. Si sentimos empatía y llegamos hasta el punto de no perjudicar al otro, estaremos avanzando hacia un mejor futuro.

¿Qué más podemos hacer? Esforzarnos, ayudar a los otros y lograr la sinergia que como país no tenemos. En este carro tenemos que subirnos todos. Si los diputados y senadores se miraran y miraran la realidad del país, que es muy distinta a la suya, podrían empatizar y tener un costo menor para el país, invirtiendo fondos en aquellos aspectos sociales de las demandas.

Nada es gratis y el Estado no puede inventar fondos para cubrir todo. ¿Cuál es la fórmula? Que todos aporten y todos se esfuercen por un futuro mejor.

Espero sus comentarios a carol@jacusiel.cl