¿Dónde está la belleza?

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Por Felipe González Muñoz

La Paki llegó a nuestras vidas el año 2004, estaba junto a sus hermanos en una caja de refrigerador en la calle Inés Matte Urrejola, creo que eran 5 o 6 perros que habían dejado para que gente de buen corazón los adoptara. No recuerdo el motivo de por qué mi ex llegó a buscarme al trabajo y cuando salíamos junto con mis queridas amigas del trabajo vimos la caja y nos acercamos. Alguien dijo “Mira que lindos los perritos” y luego comenzaron a decirnos “que lindos son… podrían llevarse uno”, yo me acerqué y vi como uno de los perritos le movía sus manos a mi ex para que le tomara. “¡Mira!, ¿y si se lo llevamos a Cristóbal? me dijo. Es macho y no tendrá crías, yo hablo con mi Mamá”

Me negué con tanta determinación que a  los 5 minutos íbamos con un perrito en el auto camino a casa. Ese viaje tuvo varias situaciones que me hicieron creer que lo que hacíamos era un error, miraba al perrito y no podía creer la cantidad de pulgas que iban y venían de su pequeño cuerpo y luego de unas cuadras se vino un vómito. Todo mal salvo un detalle, cada vez que tomaba la palanca de cambios sentía un lamido y al mirar estaba ahí, mirándome como diciendo “por favor llévame”. Al llegar pedimos la aprobación para dejarla en casa, la escondimos en la logia y mi ex habló con su mamá… ¡Que se quede! Dijo ella y le contamos a Cristóbal la buena nueva… “Mira, te trajimos un perrito” La conexión fue instantánea, no tengo dudas de que nació algo especial entre ellos. Ese día seguí pasando rabias porque me mandaron a comprar de todo… platos, collar, comida, etc. Luego fue el turno del veterinario, ahí nos enteramos de que era una perrita, Pakita se va a llamar! Al poco tiempo pasó a ser la Paki. Recuerdo que los primeros meses se escondía cuando me veía, quizás recordaba la cara que tenía cuando nos conocimos.

Mi experiencia era casi nula, salvo el gato de mi hermano no tuvimos mascotas así que fuimos día a día adaptándonos sin pensar que llegaría a ser una nueva integrante de la familia y quien ha pasado más tiempo junto a  Cristóbal, siempre a su lado. Llegó cuando estaba en kínder y ya está en 3° año de la U.

Hasta el año 2015 viví con ella, una separación no solo termina con el proyecto que era para toda la vida, también trae otras penas como no ver despertar cada día a tu hijo y quién lo diría… no ser recibido con tanto amor al llegar a casa.

Dejamos de vernos, pero cada cierto tiempo iba a buscarla y pasábamos el fin de semana. De nuevo éramos pan y mantequilla, como los viejos tiempos hasta que un día Cristóbal me dijo que ya no quería que viniera más porque estaba muy vieja y quedaba mal con el viaje. Claro, con 15 años ya se hacía difícil así que cuando a Cristóbal le tocaba pasar conmigo el fin de semana trataba de ir a buscarlo a La Florida y así ver a la Paki aunque fuera un rato… Hasta que llegó la pandemia.

El 26 de marzo fui a buscar a Cristóbal y la Paki, vinieron a pasar la pandemia conmigo. La Paki apenas caminaba así que me preocupé de organizar los tiempos para cuidarla.

A los pocos días empezó a estar mejor, salíamos todos los días a caminar. A la esquina, luego una cuadra, después la vuelta a la manzana y un día de la nada me empieza a empujar y ocurrió el milagro… Comenzamos a correr! Estaba de vuelta mi negra, recordé el día en que nos inscribimos y corrimos la Perrotón. Llegué a la casa con la noticia y me retaron… que la perra no corría, que porque la hacía correr, etc. A los pocos días me asomaba a la ventana y con mucha alegría veía pasar corriendo a Cristóbal y la Paki. Con 21 y 15 años se veían de 7 y 1. Sin duda estaba muy bien.

Nuestro departamento se adaptó a ella, era la hora de atenderla, hasta le hicimos una escalera para que subiera a la cama a dormir con nosotros.

Luego llegaron sus cumpleaños, el 9 de septiembre la Paki y Cristóbal el 14 de septiembre, y los celebramos como corresponde.

Sin duda la pandemia me trajo días muy felices ya que desde que nos separamos, con Cristóbal habíamos estado juntos a lo más una semana y ahora van más de 7 meses de su llegada y además con la Paki pero la felicidad es de momentos.

La última semana de octubre la Paki no estaba bien, luego de pasar al veterinario donde le pusieron calmantes en una pata debido a la artrosis se fueron con Cristóbal a su casa en la Florida a pasar el fin de semana con la abuela y la madrugada del sábado recibí un mensaje avisándome que debía ir temprano. Había que prepararse para lo peor.

Y así fue… La Paki nos dejó, el 31 de octubre a las 11:00 hrs. se durmió, estaba con varias complicaciones por su edad y un tumor mamario que no se podía operar por anemia y problemas al hígado.

Ha pasado casi un mes y recién puedo tratar de expresar la pena que tengo por su partida. Sin duda era la alegría de esta casa, hasta cuando salía botar la basura me recibía como si no me hubiese visto en meses con un amor infinito, el mismo amor con el que cuidó a Cristóbal todos estos años. No hay forma de llenar el vacío que ha dejado y esta tristeza me acompañará siempre. No era una mascota, era de mi familia. Hoy tengo mucha pena, este departamento no es lo mismo sin ella. Hoy la Paki nos acompaña de otra forma pero eso no impide que la salude con la nariz o diciéndole ¡Donde está la belleza de toda esta casa! (no como ese feo copo).