El Miedo

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Por Carol Jacusiel

El miedo paraliza, obstaculiza nuestros pensamientos y nuestro actuar. Nos pone indefensos y vulnerables.

Uno sabe qué es el miedo, cómo sensación, sabemos identificarlo cuando estamos en una situación que lo provoca. Pero, ¿qué es el miedo? Según Wikipedia, “el miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano. La máxima expresión del miedo es el terror. Además el miedo está relacionado con la ansiedad.”

Hay ciertas situaciones que son reales y que, de producirse va a surgir esta emoción. Es así como, identificándolas, podemos anticiparnos a cómo reaccionar ante esta situación que nos pudiera amenazar. Un ejemplo serían lo temblores. Quien les tenga miedo, sabe a priori cómo va a reaccionar ante la ocurrencia de uno. Unas personas pueden salir corriendo, otras se inmovilizarán, otras gritarán. Ante estos miedos conocidos, podemos prepararnos y saber cómo actuaremos, en un modo más bien automático. Es el caso de un asalto. Si sabemos que usamos un querido anillo que queremos salvar de todas formas, podemos repetirnos, una y mil veces, que lo meteremos en la ropa interior. Llegado el momento, automáticamente lo haremos y pasado unas horas, no recordaremos en qué momento lo hicimos, ni cómo. Nadie lo notó.

Esto se puede aplicar a variadas situaciones. En el caso de los temblores, la persona que sale corriendo, racionalmente puede analizar y saber que si lo hace, tiene más probabilidades que le ocurra algún accidente. Si ha investigado y conoce bien el manejo de seguridad del “triángulo de la vida” tiene una opción clara de encontrar rápidamente ese espacio seguro y ponerse ahí, a resguardo, logrando una conducta, que aunque automática, se hace patente cómo una conducta racional.

En los trabajos también hay personas o situaciones que nos provocan temor. Es importante identificarlas y poder tener una estrategia para abordarlas. Una forma conductual que denote que se hace lo que se debe, sin titubeos, ni que de la idea que se actúa “a la loca”.

En la medida que se va teniendo experiencia y más años, de vida, estas cosas se van incorporando y nos hacen aparecer como personas “maduras”. Eso apunta bastante al dicho “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

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