El silencio

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Por Carol Jacusiel

Según Wikipedia “el silencio es la ausencia total del sonido. También significa abstención de hablar, en el ámbito de la comunicación humana. Y, sin embargo, que no haya sonido alguno no siempre quiere decir que no haya comunicación. El silencio ayuda en pausas reflexivas que sirven para tener más claridad de los actos. El silencio es igual de importante que el sonido, porque sin sonido no se podrían hacer silencios.”

El silencio ocupa así muchos lugares y sentidos en nuestra vida. Cuando estamos callados, sin ruido en el ambiente, podemos pensar y llegar a grandes conclusiones. También pueden ser pequeñas conclusiones que no lleven a grandes cosas. El silencio es parte de nuestra vida. Sin embargo, cada vez es más escaso.

El silencio o un sonido cadencioso, que puede llevarnos a nada, similar al efecto que produce el silencio, nos puede hacer meditar. La nada, que se podría asemejar a la ausencia de sonido, nos puede trasladar a una dimensión desconocida, pero muy provechosa en nuestras vidas.

Hay personas que se sienten mal con el silencio y tienen que llenar los espacios y vacíos, hablando y hablando. Se ponen nerviosas y no logran establecer contacto consigo mismas. Los silencios y la falta de estimulación los desespera. No soportan esos espacios. Es similar a las personas hiperactivas, no soportan estar quietas y la ausencia de movimiento los desespera.

Es importante aprender a estar en silencio, a estar con uno mismo. A inspeccionarse, mirarse y estar contento y en paz. También, los silencios ante otras personas son importantes, son valorables y hay que saber cómo manejarlos. En silencio en la interacción con otro sirve para que ese otro tome en consideración lo último que se dijo, para que piense qué decir o simplemente para desechar algo.

Por ejemplo, si una persona le propone matrimonio a otra y se queda en silencio, le está dando la posibilidad de pensar en la propuesta. Si la persona habla y presiona para obtener una respuesta, podrían simplemente decirle que no, o por el contrario, que sí y cuando está sola la persona solicitada, podría revertir la decisión.

Hay que aprender a leer las reacciones de los otros y dar la posibilidad de pensar en un silencio que sea cómodo, que no intimide. Al igual que el don de la palabra, hay que desarrollar el don del silencio y de la posibilidad de pensar.

En terapia, los silencios son fundamentales, un terapeuta ansioso que no maneja los silencios hace que su paciente no analice y llegue a entender sus propios procesos de manera óptima.

En la escritura también tenemos silencios… Y podemos manejarlos… de manera que el lector los haga suyos.

En este mundo tan sobre estimulado, te invito a meditar y manejar los silencios en la comunicación.

Espero tus comentarios en www.caroljacusiel.cl, carol@jacusiel.cl o en esta columna.