Gallinas e impuesto a los súper ricos

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Por Claudio Pardo Molina.

Esta semana continúan los proyectos de ley tributarios, que teniendo muy buenas intenciones para ir en ayuda de las familias aquejadas por la pandemia, terminarán por afectarlas aún más una vez superada esta crisis. Esto lo explicaré con una historia que me contaron hace unos años atrás y creo oportuno compartir contigo ante la inminente aprobación del impuesto a los súper ricos.

«El presidente de un partido político invita apasionadamente a sus feligreses a votar por su candidato, su delfín, comentando los beneficios de votar por esta persona, vociferando ¡Si votan por nuestro candidato ganarán, porque si él tuviera dos casas, una de estas se la daría al pueblo para que viva con dignidad! ¡Si él tuviera dos gallinas, una de estas, se la daría al pueblo para que se alimente! Si tuviera…Cuando abruptamente es interrumpido por el candidato, quien en voz muy baja le pide al presidente del partido detener el discurso, porque él sí tiene unas gallinas».

Como se ve de la historia que acabo de contar, el impuesto a los súper ricos nos hace creer que debemos elegir entre el derecho a la vida o entre los derechos a la libertad y a la propiedad, pero no es así. Porque si siguen aumentando los impuestos de cualquier tipo, es probable que los pocos capitalistas que viven en el país tengan un incentivo a sacar su dinero, acelerando aún más la inmensa crisis de desempleo actual.

Creo que una propuesta mucho mejor a esta imposición tributaria, sería la de modificar la ley de donaciones, ampliando sus límites, permitiendo que el 100% de las donaciones se pueda rebajar de impuestos. Además se debería permitir que estas donaciones sean destinadas no sólo a empresas sin fines de lucro, sino que a toda empresa que esté en proceso de quiebra, que no esté relacionada con la propiedad de la donante obviamente, permitiendo así una sinergia entre grandes y pequeñas empresas.

Como podrás ver de mi propuesta, creo que no debemos quitarle las gallinas a nadie, sino que las podemos compartir voluntariamente si los incentivos están puestos de forma adecuada. Transformando el binario ganar-perder por un ganar-ganar para lograr un justo equilibrio entre los principios de igualdad sin pasar a llevar con esto los principios de libertad. Finalmente, ¿Qué culpa tienen las gallinas de que hombres y mujeres hagan leyes que impidan la fraternidad entre sí?

Claudio.pardo.molina@gmail.com