Las relaciones extra-laborales

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Por Carol Jacusiel

Lo extra-laboral también influye en nuestro rendimiento y en lo que somos como trabajadores e integrantes de un equipo.

Así tenemos dos grandes grupos de influyentes extra-laborales. El primero, la familia, amigos y todo nuestro entorno y relaciones fuera del trabajo. El segundo, si bien se inicia en un entorno laboral, puede ser considerado extra-laboral, son las relaciones que surgen al interior del trabajo, pero que no se relacionan con él. De este segundo grupo hablaremos la próxima semana.

En el primer caso, nos referimos a nuestro núcleo íntimo y cercano. Aquel círculo en el que somos nosotros, en el que nos mostramos como realmente somos o más cercano a aquello que somos en esencia. Y estas relaciones nos proveen de la tranquilidad y aquello que es fundamental para nosotros: la calma, la felicidad y lo que nos hace estar en modo receptivo y que nos permite funcionar bien en todo ámbito.

Si en ese núcleo se produce algún problema o alguna disfunción en las relaciones, acapara la mayor parte de nuestra atención y esto nos afecta en otros ámbitos, como el trabajo. Si tenemos un hijo con alguna enfermedad grave nos interfiere nuestra atención. No nos permite desempeñarnos al 100% de lo que seríamos capaces de dar si no tuviéramos esa interferencia.

En otra situación, si una persona, por ejemplo, se va a casar y le faltan un par de meses y su pareja decide romper, queda devastada y tampoco será capaz de rendir en el trabajo u otro ámbito como sería si no hubiese ocurrido esa situación.

Lo importante de esto es entender que desde el ámbito de lo laboral es muy de difícil de controlar y manejar este tipo de situaciones. Un líder queda sin herramientas para ayudar a un miembro del equipo que tenga un quiebre amoroso. Lo único que puede hacer es prestar todo el apoyo posible para que esa persona se recupere lo más pronto posible. Es decir, podría dar unos días de vacaciones, si es lo que la persona necesita. Otras personas, necesitarían más trabajo en equipo para lograr focalizar su atención y ayudar a pasar el chaparrón.

En general, al igual como lo hacen los padres con sus hijos, a un líder lo que le queda por hacer es apoyar a su colaborador y darle todas las facilidades como para que supere la situación que lo aqueja. Si una mamá tiene a su hijo con una enfermedad extrema, debiera ayudarla dándole el tiempo que necesita para ir al hospital y, por otro lado, reorganizar al equipo para lograr sacar la tarea adelante.

Como sea, estas situaciones, lejos de perjudicar el trabajo, logran que los equipos se unan, saquen lo mejor de sí para apoyar al otro y se sienten reconfortados cuando se supera la situación.

De toda situación difícil se puede lograr un beneficio positivo.

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