Mujeres en Tránsito

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Por Gisela Fischman

Separada puede ser un estado civil, uno mental, o ambos. Puede ser un estado transitorio o uno permanente. Todo depende de lo que decida cada mujer. Personalmente, creo que en la vida estamos siempre en tránsito y que oscilamos entre avanzar, detenernos y/o retroceder, según el momento y las circunstancias.

A quién elegimos como compañero de viaje y por qué, puede determinar el curso y el destino del trayecto. Sin embargo, cuando el caminar juntos se convierte en fuente ilimitada de frustraciones, la estadística dice que 50% de los matrimonios opta por bajarse del tren, aunque no siempre sea por decisión de ambos miembros. Eso significa que hay miles de personas que están en duelo, de las cuales al menos la mitad son mujeres. Se dice que un duelo por separación dura entre uno y dos años. Sin embargo, algunos pueden enquistarse, algo frecuente en los divorcios destructivos en los que la fijación en la rabia y la venganza no permite reconocer la pena ni aceptar la pérdida.

Si bien cada caso es diferente, para muchas, la separación conlleva no sólo el tener que procesar la pérdida del vínculo afectivo y del proyecto conjunto, sino también quedar solas a cargo de la crianza, que se hace más pesada por disponer de menores ingresos, por la incertidumbre del futuro y porque sentir pena es un lujo que no pueden permitirse. Algunas no cuentan con el apoyo de sus familias, otras se aíslan o son marginadas por sus amigas casadas.

Semejante panorama puede ser paralizante o movilizar los mecanismos de supervivencia y los recursos para reconstruir la identidad y reconectar con el mundo. Un duelo bien elaborado, es aquel que deviene en una transformación personal. Ello sucede cuando la mujer puede reencontrarse con lo que siempre quiso ser y no pudo o descubrir algo que le permita sentirse plena y valiosa nuevamente. Para esto es importante la ayuda de otras mujeres que estén transitando por rumbos similares.

Y a eso apunta mi proyecto Mujeres en Tránsito: a generar redes de contención afectiva, y espacios de reflexión e intercambio de experiencias para estas mujeres que hoy caminan solas.

Estoy convencida de que, para sobrevivir y desarrollarse, es necesario pertenecer a una tribu.

Nadie se salva solo.

Después de todo, es bien sabido que a los cazadores solitarios se los comen los leones.

Ps. Gisela Fischman

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