No banalicemos el colonialismo

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Por Anastasio López.

Producto de unas desafortunadas declaraciones de la presidenta de la Convención Constitucional de Chile se ha dado pie a que en los medios de prensa se hable mucho de “colonialismo” y “descolonización”, confundiendo cosas que nada tienen que ver.

No faltan en cambio los que creen que hablar de colonias es anacrónico, y que detrás de las ideas sobre la llamada descolonización solo hay intereses de la izquierda. Esa opinión, que está extendida entre muchos, es un gran error.

El colonialismo es la expresión brutal del imperialismo; un fenómeno asociado a las grandes potencias que hasta hoy dominan de manera directa a los pueblos de gran parte del mundo. Existen imperios capitalistas, como Estados Unidos con buena parte del globo, e Inglaterra y Francia con sus excolonias directas, especialmente en África, y ciertamente Rusia también es uno, como lo demuestra Venezuela.

La Unión Soviética fue la máxima expresión del socialimperialismo, una forma de socialismo imperialista que subyugó a buena parte del globo, y que fue criticada y enfrentada abiertamente por Albania y la China de Mao Tsé Tung.

Antes de ellos tenemos incluso al Imperio del Japón, que curiosamente saqueó y esclavizó pueblos enteros en la segunda guerra mundial, mientras alegaba defender a los pueblos del Asia del colonialismo europeo…pero reemplazándolo por una versión asiática.

La única bandera legítimamente antiimperialista, por la sola defensa de la autodeterminación de los pueblos, ha sido la del nacionalismo. Ejemplos como los del Frente Polisario Saharaui, el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial, o de líderes como Alberto Martín-Artajo, Yasser Arafat, Julius Nyerere, Nasser y tantos otros defensores de la autodeterminación nos muestran que solo el nacionalismo ha defendido incondicionalmente la autodeterminación de los pueblos, y que por tanto se han enfrentado al imperialismo y al colonialismo.

Queda claro entonces que la lucha contra el colonialismo no es patrimonio del marxismo, o de la izquierda. Y que también no puede ser colonialista un país como Chile, que no es potencia. ¿Por qué la convención no reclama contra Francia, que tanto hace por apoderarse políticamente de nuestra Rapa Nui? ¿Por qué no condenamos el colonialismo real en Tahití, y en las Islas Malvinas?

Hace falta que Chile sea realmente soberano, y Hispanoamérica sea un solo frente antiimperialista, auténticamente nacional, contra los verdaderos colonialistas. No banalicemos algo tan grave, que los imperialistas están allá en Europa y Norteamérica, y sus colonias acá mismo, en Oceanía, en la Antártica Sudamericana que pretenden expoliar, y en las Malvinas Argentinas.  No busquemos colonias donde no las hay, que hablar nuestra lengua materna no tiene nada de malo.