¿Qué hace que una persona ignore a otra?

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Por Carol Jacusiel

Nos referimos a ningunear a alguien. Ningunear tiene dos significados, según el diccionario de la Academia Española: en primer lugar, “significa no hacer caso de alguien, no tomarlo en consideración” y, en segundo, “menospreciar a alguien”.  El ignorar a una persona la hace desaparecer, no existe, no se le habla, no se le contesta, no se le valida.

Es lo que ocurre cuando se juega a la “ley del hielo”. Los que no conocen este juego, consiste en el que un grupo se pone de acuerdo para ignorar completamente a una persona de ese grupo, sin mirarla, hablarle, escucharla. La persona se va a dar cuenta fácilmente que la están ignorando, se siente incómoda, se comienza a sentir triste y con deseos de arrancar de ahí. Sin analizar la situación va a sentir que no forma parte de la dinámica del grupo.

La discriminación es una forma de ignorar o ningunear. Puede ser discriminación por sexo, como los machistas, por orientación sexual, como los homofóbicos, por raza, como los supremacistas blancos, entre otros.

Hay muchas personas que dicen de sí mismos que no discriminan o que no tienen problemas con ninguna persona, de ningún grupo de los mencionados u otro. Sin embargo, llegado el momento, el inconsciente los traiciona y tienen una conducta discriminadora.

Por ejemplo, un gerente de una empresa contrata un servicio con el gerente de una consultora y quien se contacta para aclarar detalles y luego le envía el informe de lo contratado, es la jefa de área, pero el contratante insiste en relacionarse con el gerente. Ese gerente no tiene los detalles del proceso y, por lo tanto, el flujo de la comunicación se enlentece y se hace menos eficiente. Podríamos suponer que hay una discriminación por sexo o por cargo. Sin embargo, la finalidad del trabajo es llevar adelante lo contratado y, en este caso, quien lo desarrolla y quien puede dar un mejor feedback es la jefa y no el gerente.

Aún funcionamos en una cultura bastante discriminadora y apegada a lo “tradicional”. Muchos dicen que no y que son muy abiertos para aceptar todo. Basta fijarse bien para entender que eso no es así y que en algún momento ocurren estos “errores no forzados”.

Si miramos y analizamos con detención nuestro trabajo, las personas, sus conductas, el flujo de las relaciones y de la comunicación, la distribución espacial de los puestos, descubriremos muchas de las conductas y relaciones que se han descrito y otras que también parecen viciadas. Relaciones de ninguneo, de ignorar y de discriminación.

Se ha avanzado en este tema. Pero, la resistencia al cambio y a llegar a situaciones de un orden más moderno, más fluido, en el que todas las personas aportan, desde su perspectiva, sexo, educación, inteligencia, mirada, etc., ayudan a construir un mundo mejor. Abre tu mente y fluye más fácilmente.

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Imagen de Lukas Bieri en Pixabay