Ser anticomunista es sano para el cuerpo, el espíritu y la conciencia

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Imagen de Samuel F. Johanns en Pixabay

Por Andrés Figueroa, Licenciado en Historia

La doctrina marxista, que ha rebrotado fuertemente en las conciencias de una gran masa de ciudadanos chilenos sumidos en el legado de desigualdad e infortunio que legó la prolongada estadía en el poder de una social democracia corrupta e incompetente, es antinatural, materialista y enemiga acérrima de los valores humanistas. El resultado final que esta doctrina pretende, a través de operadores políticos que se hayan enquistados en el parlamento y financiados a través del negocio de la droga, es cercenar lentamente la economía social de mercado. Creando, desde el anonimato, insurrecciones de masas, con la finalidad de ahuyentar las inversiones o empresas extranjeras, el empleo y el Estado de Derecho. Todo aquello, con la finalidad de alimentar su discurso en contra del Gobierno de derecha timorato que se haya actualmente en el poder. Logrando con esto, pavimentar su camino al Palacio de La Moneda, instalar un totalitarismo manejado por motochorros movilizados y convertir la pobreza en un instrumento de control electoral, igual que en la Venezuela de Hugo Chávez Frías.

1989 pasó a la historia como el derrumbe político del comunismo en Europa del Este. Sin embargo, el hecho de que la población mundial haya bajado los brazos ante este enemigo implacable, implicó un coste para los países del tercer mundo y a su vez el replanteamiento geopolítico de una fuerza castro comunista huérfana económicamente de la URSS, frente a lo cual el líder de la revolución cubana, Fidel Castro, dispuso a través de la manipulación de comicios en Sudamérica, su nueva política de expansión para el siglo XXI. Sin embargo, aquella corriente castro comunista, instalada a partir de 1998 en territorio venezolano y esparcida a países como Chile, no durará demasiado tiempo, ya que la combinación de ciudadanos, gremios y empresas que de manera inconsciente han desarrollado un gusto por la libre competencia, le han firmado al potencial gobierno del militante comunista y Alcalde de la Comuna de Recoleta, Daniel Jadue, su fin anticipado. Eso lo celebramos con júbilo todos quienes apreciamos esta tierra chilena. El inminente fracaso económico de un gobierno comunista, de la aplicación de una política de congelamiento de tarifas, mayores impuestos y de expropiaciones agrícolas por medio de la intensificación en el uso de las herramientas terroristas que ya hemos ido conociendo en el des gobierno de Sebastián Piñera, no podría mantenerse por un tiempo mayor al que duró la dictadura de la Unidad Popular en la década de 1970, sin llegar a afectar el ánimo psicológico de una población, que a diferencia de la generaciones de las décadas previas a la experiencia marxista de Salvador Allende, conoce más de bonanza que de hambre y miseria y por tanto será proclive, en situaciones de  extremas, a defender sus privilegios económicos personales.

El curso próximo de los acontecimientos ante la llegada de un marxista al poder en Chile tiene más desafíos que interrogantes, para quienes somos gremialistas y libertarios. Sin embargo, sería más crimen que acierto el asumir actitudes arbitrarias, que pretendiesen ir en búsqueda del castigo mediante la represión y el encarcelamiento de cada uno de estos violentistas, la clave no está en inculpar de forma individual a cada una de estas figuras de los confines urbanos marginales, sino más bien en ser implacable en el impulso en la reforma de un sistema electoral y constitucional que por décadas ha permanecido impávido ante la inserción de células anti sistémicas como el Partido Comunista de Chile. El desafío de cara a un proceso constituyente debiese de ser la represión de ideologías que, desde el interior de sus declaraciones escritas de partido, pretenden abiertamente destruir la libertad de pensamiento. La idea, en este sentido, no es acabar con las personas que inocentemente se han visto sumidas a la consolidación de ataques violentistas influenciados por la idea de conquista del poder mediante la lucha armada del proletariado, firmada por el Partido Comunista mediante sus reuniones de coordinación internacional, tales como el foro de Sao Paulo, sino más bien acabar, vía ilegalización del PC, con la mentalidad guerrillera y terrorista que impulsa a una importante masa de sectores populares.

Para todos aquellos chilenos que hemos sufrido en toda su extensión el diálogo democrático, de pluralismo, en temas de derechos humanos y en temas sociales con el Partido Comunista, que hemos visto deambular por las calles su nueva versión, renovada, pacifista y humanista el juicio es claro al momento de plantearse el seguir aceptando más de lo mismo. Tarde o temprano será la hora para todos nosotros de comenzar a exigir, al menos en el marco de una nueva Constitución, su exclusión de la vida política.