El verano trae consigo altas temperaturas y cambios en la rutina diaria, por lo que es especialmente importante que las personas mayores adopten medidas de autocuidado que les permitan mantenerse activas de forma segura, resguardando su salud física y emocional.
Entre las actividades recomendadas durante esta época se encuentran caminatas de baja intensidad, ejercicios de movilidad y elongación, talleres de estimulación cognitiva, juegos de mesa, lectura y actividades recreativas que favorezcan la socialización. Idealmente, estas acciones deben realizarse en horarios de menor calor, como durante la mañana o al final de la tarde.
“La actividad física regular, adaptada a cada persona, ayuda a mantener la movilidad, el equilibrio y la autonomía, incluso durante el verano”, señala Pamela Acuña, fonoaudióloga de las residencias Senior Suites.
Uno de los principales cuidados durante la temporada estival es la prevención de la deshidratación y de los golpes de calor. Se recomienda mantener una hidratación constante, incluso sin sensación de sed. Se sugiere ingerir diversa variedad de líquidos, como agua, jugos o aguas saborizadas, jaleas, etc. Además, es ideal utilizar ropa liviana y de colores claros, protegerse del sol y evitar actividades físicas en las horas de mayor radiación. “Las personas mayores pueden tener una menor percepción de la sed, lo que aumenta el riesgo de deshidratación, por lo que es fundamental fomentar el consumo regular de líquidos y estar atentos a signos como mareos, fatiga o confusión”, explica Acuña.
En el ámbito de la alimentación, se aconseja privilegiar comidas livianas, ricas en frutas e hidratantes como sandía, melón o pepino y verduras frescas, así como evitar preparaciones pesadas o de difícil digestión. Asimismo, es importante extremar las medidas de higiene y conservación de los alimentos para prevenir intoxicaciones alimentarias.
Desde el punto de vista emocional y social, el verano representa una oportunidad para fortalecer los vínculos y prevenir el aislamiento. Mantener contacto frecuente con familiares, vecinos o redes de apoyo, participar en actividades recreativas y conservar rutinas diarias contribuye al bienestar psicológico. “El bienestar emocional es tan relevante como el físico, especialmente en las personas mayores”, destaca la especialista. “La socialización y la estimulación cognitiva ayudan a reducir la ansiedad, la sensación de soledad y el deterioro del ánimo”.
Finalmente, se recomienda a familias y cuidadores acompañar y supervisar las actividades de las personas mayores, poniendo atención a cambios de conducta, señales de malestar físico o emocional, y promoviendo un verano activo, seguro y saludable.
