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Robots humanoides: la apuesta china que Chile no puede ignorar para su economía

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Por Miguel Solís, Director Ingeniería en Automatización y Robótica U. Andrés Bello

Cada año se vuelve más evidente que la robótica no es una disciplina del futuro y está cada vez más integrada en nuestro entorno. Durante el 2026 podremos observar avances significativos en materia de infraestructura productiva, particularmente en países como China, donde se impulsa el desarrollo de robots humanoides no por fascinación tecnológica ni por gusto a la ciencia ficción, sino por razones de economía política. Con sueldos que aumentan y una fuerza laboral que ya no crece como antes, la automatización no solo se orienta a mejorar la eficiencia, sino que se vuelve una condición necesaria para asegurar continuidad.

La elección de que los robots tengan forma humanoide puede ir ligado a la interacción con humanos para tareas domésticas, pero en entornos industriales responde a una lógica práctica. Para numerosas tareas industriales no es indispensable que un robot tenga forma humana para ser eficiente, pero las fábricas fueron concebidas para operadores humanos y, por lo tanto, rediseñar completamente esa infraestructura implica altos costos y largos plazos de implementación.

Este año se perfila como un punto de inflexión donde muchas demostraciones tecnológicas darán paso a pilotajes. Para nosotros en Chile el desafío no será solamente observar estas tendencias, sino tambiéndesarrollar capacidades locales para adaptarlas a nuestra realidad, especialmente en sectores como la agricultura, la minería o la logística, donde la automatización puede marcar la diferencia entre continuidad y estancamiento productivo.

No obstante, persiste una simplificación conceptual que asocia el avance de la robótica con un reemplazo total del trabajo humano. Lejos de ello, el mismo proceso de automatización pone en evidencia el valor agregado de lo humano en aquellas dimensiones que no se reducen a la repetición mecánica: el criterio, la responsabilidad y la construcción de sentido. Incluso en ámbitos donde la inteligencia artificial generativa produce imágenes de alto nivel técnico, el arte continúa siendo un espacio profundamente humano. No se trata solo de resultados visuales, sino de la capacidad de transmitir emociones, experiencias biográficas e intenciones, y de generar una resonancia emocional en otros. La automatización puede multiplicar la productividad, pero lo humano sigue siendo la principal fuente de significado, y ese valor, al menos por ahora, no es sustituible.