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La IA no es solo un reto de software, es un desafío de liderazgo

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Fotos: Claudio Gatti

Por Adriana Aroulho, presidenta de SAP América Latina y el Caribe

Siempre he sostenido que liderar la transformación requiere una dosis mayor de coraje que de miedo. En mi trayectoria, he aprendido que el liderazgo no consiste en ser la mayor experta técnica, sino en tener la agudeza para hacer las preguntas correctas, identificar el talento apropiado, fomentar el trabajo en equipo y construir la confianza necesaria para que el cambio eche raíces. En plena era de la Inteligencia Artificial (IA), esta visión ha dejado de ser una ventaja competitiva para convertirse en una necesidad de supervivencia.

Hoy, la IA es el eje de la agenda corporativa. Sin embargo, al salir de los laboratorios para entrar en el corazón de las operaciones, nos enfrentamos a una verdad incómoda: la velocidad, por sí sola, no genera valor. El verdadero reto de las compañías no es la adopción de herramientas, sino la creación de un ecosistema donde estas funcionen con contexto, responsabilidad y resultados medibles.

El síntoma: Muchos datos, poca madurez

A pesar de que el retorno de inversión (ROI) en proyectos de IA ya ronda el 16% —con miras a duplicarse en dos años—, existe una brecha crítica de confianza. Según investigaciones recientes de SAP y McKinsey, aunque casi todas las empresas están invirtiendo, apenas el 1% ha alcanzado una madurez real. ¿Por qué este desfase? La respuesta no está en la tecnología, sino en la gestión. Más de la mitad de las organizaciones aún temen no poder integrar sus datos de forma responsable y les preocupa el auge del shadow AI (el uso de herramientas no supervisadas). Esto nos dice que el valor de la IA no depende del algoritmo, sino de nuestra capacidad para conectarlo con la gobernanza y la estrategia.

El liderazgo como puente

La discusión sobre la IA es, en esencia, una discusión sobre el factor humano. La resistencia no suele venir de los empleados de primera línea; de hecho, la actitud positiva de los trabajadores hacia la IA aumenta del 15% al 55% cuando sienten el respaldo y la claridad de sus líderes (según datos de BCG).

Cuando un líder se involucra, la IA deja de ser una amenaza para convertirse en una herramienta de innovación. Sin ese «patrocinio» visible y una hoja de ruta clara, la tecnología solo añade una capa extra de ansiedad organizacional en lugar de ser una palanca de productividad.

Contexto: La diferencia entre optimizar y transformar

El valor real de la IA nace cuando la tecnología comprende el contexto del negocio: prioridades estratégicas, reglas de compliance, impacto financiero y objetivos a largo plazo. Sin contexto, la IA puede optimizar una métrica aislada, pero fallar estrepitosamente en lo que realmente importa para la empresa.

La inteligencia artificial no ha venido a sustituir la importancia de la gestión; al contrario, ha elevado el listón.

Hoy se nos exige:

  • Empresas más integradas.
  • Decisiones con mejor gobernanza.
  • Líderes con una visión clara e inspiradora, capaces de movilizar a sus equipos para transformar la tecnología en procesos, los procesos en confianza y la confianza en resultados.

En la nueva economía, la tecnología es el motor que nos da velocidad, pero es la gestión la que tiene las manos en el volante.