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La infraestructura que faltaba para acelerar la electromovilidad en el transporte de carga

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Por Hernán Searle, Gerente General de Trailer Logistics

Durante años, la conversación sobre electromovilidad en Chile se concentró principalmente en el transporte urbano y de pasajeros. Sin embargo, uno de los desafíos más relevantes para la descarbonización del país está en otro lugar: el transporte de carga pesada.

Por eso, la reciente presentación de la primera carretera eléctrica de alta potencia para camiones en la Ruta 5 Sur marca un hito que va mucho más allá de la inauguración de nuevos puntos de carga. Se trata de una señal concreta de que Chile está comenzando a construir las condiciones necesarias para transformar estructuralmente la logística y el transporte de mercancías.

La iniciativa impulsada por Enel, ISA Vías y Copelec incorpora cargadores ultrarrápidos de hasta 600 kW, una capacidad inédita en el país, diseñada específicamente para responder a las exigencias operativas del transporte pesado.

Y esto es especialmente relevante porque uno de los principales factores que ha generado resistencia hacia los camiones eléctricos no era la autonomía, sino los tiempos de carga, ya que durante mucho tiempo existió la percepción de que un camión debía permanecer detenido durante varias horas para recuperar energía, afectando la continuidad operacional y la productividad de las flotas. Pero esa realidad está cambiando.

La nueva infraestructura permite reducir los tiempos de carga a cerca de una hora, transformando completamente la ecuación operacional. Esto acerca la experiencia de uso a las dinámicas reales del transporte de larga distancia y permite planificar rutas con mucha mayor eficiencia.

La tecnología de los vehículos también ha evolucionado de manera significativa. Hoy existen camiones eléctricos diseñados desde su origen para operar con energía eléctrica, capaces de recorrer largas distancias manteniendo altos estándares de carga, seguridad y desempeño. Es el caso de Windrose, que puede alcanzar hasta 670 kilómetros de autonomía con carga completa y que ya ha demostrado su capacidad en rutas nacionales extensas.

Lo que estamos viendo es la convergencia de dos elementos que son fundamentales para cualquier transición tecnológica: vehículos preparados para responder a las exigencias de la industria e infraestructura capaz de sostener esa operación.

Chile tiene, además, condiciones especialmente favorables para liderar este proceso. Cuenta con carreteras de alto estándar, una matriz energética cada vez más limpia y una geografía que permite validar tecnologías en escenarios exigentes y de todo tipo. Lo anterior, convierte al país en un laboratorio natural para la electromovilidad de carga pesada y en un mercado estratégico para el desarrollo de nuevas soluciones logísticas.

La creación de esta primera carretera eléctrica demuestra que la electromovilidad en el transporte pesado dejó de ser una promesa futura para transformarse en una realidad concreta. La discusión ya no pasa por preguntarse si esta tecnología llegará, sino por la velocidad con que seremos capaces de adoptarla.

La descarbonización del transporte de carga requerirá inversión, colaboración público-privada e infraestructura, pero iniciativas como esta muestran que Chile ya comenzó a recorrer ese camino.

Cuando infraestructura y tecnología avanzan al mismo ritmo, el cambio deja de ser una posibilidad para convertirse en una oportunidad real de desarrollo para toda la industria.