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Faltas de medicamentos en el sistema público: ¿quiebres de stock o desabastecimiento?

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Por Francisco Álvarez, Académico Química y Farmacia, U. Andrés Bello, sede Viña del Mar

El acceso oportuno a los medicamentos es una condición básica para garantizar una atención de salud de calidad. Sin embargo, en los últimos años diversos hospitales y centros de atención primaria han enfrentado episodios de desabastecimiento de medicamentos esenciales, afectando directamente a miles de pacientes que dependen de tratamientos continuos para controlar sus enfermedades.

Las consecuencias son evidentes. Pacientes con hipertensión, diabetes, enfermedades respiratorias o trastornos de salud mental pueden verse obligados a interrumpir sus tratamientos o cambiar a alternativas menos adecuadas, aumentando el riesgo de complicaciones, hospitalizaciones y deterioro de su calidad de vida.

Si bien el desabastecimiento suele asociarse a problemas de producción internacional o dificultades logísticas, existe otro factor que ha cobrado relevancia: la situación financiera de algunos establecimientos de salud. Diversos centros han reportado retrasos en los pagos a proveedores, generando deudas que dificultan la continuidad del suministro de medicamentos. En algunos casos, esto ha derivado en restricciones comerciales o bloqueos por parte de empresas proveedoras e intermediarias que participan en procesos de compra gestionados por la Central de Abastecimiento del Sistema Nacional de Servicios de Salud (CENABAST).

Es importante recordar que, aunque CENABAST negocia y adjudica gran parte de las compras públicas de medicamentos, el despacho muchas veces es realizado directamente por los laboratorios o distribuidores adjudicados. Por ello, cuando existen problemas de pago o incumplimientos contractuales, el impacto puede traducirse en retrasos o interrupciones en la entrega efectiva de los medicamentos a los establecimientos de salud.

Este escenario evidencia que el abastecimiento de medicamentos no depende únicamente de una buena gestión logística, sino también de una adecuada planificación financiera y presupuestaria. Garantizar la continuidad de los tratamientos requiere fortalecer los mecanismos de gestión, mejorar la coordinación entre instituciones y asegurar que las dificultades económicas de los establecimientos no terminen afectando a quienes más dependen del sistema: los pacientes.