Por Paola Nimo, gerenta de Sustentabilidad Mercado Sur de Natura
Durante años, gran parte de la conversación ambiental ha girado en torno a una pregunta aparentemente simple: ¿con qué material deberíamos reemplazar el plástico? La respuesta ha impulsado importantes avances y ha instalado la necesidad de reducir los residuos que generamos. Sin embargo, también ha dejado en evidencia que cambiar un material por otro, por sí solo, no resolverá uno de los mayores desafíos ambientales de nuestro tiempo.
Hoy entendemos que el impacto de un producto no depende únicamente del material con el que está fabricado. Depende de cómo fue diseñado, de los recursos que utilizó para producirse, de cuánto puede reutilizarse, de si incorpora materiales reciclados, de cómo se transporta y, finalmente, de qué ocurre cuando termina su vida útil. En otras palabras, el desafío no está únicamente en el plástico, sino en el modelo con el que producimos y consumimos.
Por eso, la conversación está evolucionando. Ya no basta con preguntarnos qué material usar, sino cómo diseñar productos y sistemas capaces de mantener los recursos en circulación durante el mayor tiempo posible. Esa es la esencia de la economía circular: dejar atrás la lógica de producir, usar y desechar para avanzar hacia una donde los materiales conserven su valor y los residuos se reduzcan desde el origen.
Pero incluso ese enfoque comienza a quedarse corto. Frente a desafíos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la creciente presión sobre los recursos naturales, la discusión está dando un paso más. Hoy hablamos de regeneración: modelos capaces de no dañar, sino de generar capacidades en las personas y en la naturaleza, así como la naturaleza restaura los ciclos que sostienen la vida y genera abundancia
Ese cambio exige transformar la manera en que innovamos. Significa incorporar el ecodiseño desde el inicio, evaluar el impacto ambiental durante todo el ciclo de vida de un producto, desarrollar sistemas de reutilización y recarga, aumentar el uso de materiales reciclados y fortalecer cadenas de suministro más resilientes y responsables. También implica comprender que ninguna solución será suficiente si se aborda de manera aislada. Empresas, gobiernos, consumidores y recicladores son parte de un mismo sistema que necesita evolucionar en conjunto.
La conversación sobre los plásticos seguirá siendo necesaria. Pero quizás la pregunta más importante ya no sea con qué material reemplazarlos, sino cómo somos capaces de rediseñar un sistema que durante demasiado tiempo asumió que los recursos eran infinitos y que los residuos eran inevitables. Porque el futuro no dependerá únicamente de los materiales que utilicemos, sino de nuestra capacidad para construir una economía que genere valor sin comprometer el bienestar de las próximas generaciones.
