La caída en las leyes minerales y el aumento de los lineamientos ambientales están llevando a las compañías mineras a revisar parte de los criterios con que históricamente se han diseñado las plantas concentradoras en Chile y otros mercados productores de cobre. El tema aparece en momentos en que la industria enfrenta una mayor necesidad por elevar su producción para responder al crecimiento esperado en la demanda global de minerales críticos vinculados a transición energética, electromovilidad y expansión de infraestructura eléctrica.
La Agencia Internacional de Energía (IEA), de hecho, proyectó que el consumo mundial de cobre seguirá aumentando durante la próxima década, mientras que distintos análisis del sector han advertido que la oferta futura enfrenta crecientes desafíos asociados a menores leyes minerales, mayores costos de desarrollo y complejidad operacional. En Chile, en tanto, Cochilco ha señalado en distintos informes que el envejecimiento de los yacimientos obliga a procesar mayores volúmenes de material para mantener niveles de producción, incrementando así requerimientos de energía, agua y procesamiento.
En ese contexto, Sergio Lagos, Technology Solutions Director South America de Ausenco, abordó estos retos durante su participación en Procemin-Geomet 2026, donde analizó cómo la industria está incorporando nuevas tecnologías para enfrentar el procesamiento de minerales más complejos y estándares ambientales cada vez más desafiantes. “Hace algunos años el foco estaba principalmente en aumentar capacidad y escala de procesamiento. Hoy las operaciones enfrentan minerales más complejos y restricciones operacionales mayores, lo que obliga a incorporar nuevos procesos y tecnologías desde las etapas iniciales de diseño”, afirmó.
El experto, en esta línea, indicó que la industria está avanzando en el desarrollo de tecnologías, como sistemas avanzados de sensores para la clasificación de mineral (bulk ore sorting), orientadas a separar tempranamente material de baja ley o estéril antes de las etapas de procesamiento. Aunque estas soluciones aún se encuentran en fases de pilotaje y validación mediante plantas demostrativas, representan una de las principales líneas de innovación para aumentar la recuperación de los minerales de interés, mejorar la eficiencia energética, reducir el consumo de agua fresca e incrementar la flexibilidad operacional, especialmente en proyectos donde la variabilidad geometalúrgica tiene un impacto cada vez mayor sobre la productividad y los costos.
“Las concentradoras requieren mayores capacidades de adaptación operacional. Variables como consumo hídrico, eficiencia energética y estabilidad de proceso han pasado a tener una relevancia mucho más directa en la viabilidad de largo plazo de los proyectos”, señaló.
Según el especialista, parte importante de la discusión actual en la industria apunta a cómo integrar nuevas tecnologías dentro de operaciones intensivas en capital y con aspectos ambientales cada vez más crecientes. “La minería está operando en un entorno más exigente desde el punto de vista técnico, ambiental y económico. Eso está llevando a revisar modelos tradicionales de diseño que durante años fueron suficientes para responder a las necesidades de producción”, indicó.
Finalmente, Lagos precisó que las economías de escala continúan siendo relevantes, pero advirtió que ya no explican por sí solas la competitividad de los proyectos mineros. “La capacidad de adaptación tecnológica y la eficiencia operacional se han transformado en factores cada vez más relevantes para sostener el desarrollo minero en el tiempo”, enfatizó.
