El mercado de la joyería está experimentando una transformación en los hábitos de compra. Mientras la oferta tradicional se ha caracterizado por piezas estandarizadas y una fuerte presencia en el retail, nuevas generaciones de consumidores comienzan a incorporar otros criterios al momento de elegir una joya: personalización, procedencia de los materiales, sostenibilidad y posibilidad de conservar la pieza en el tiempo.
El cambio ocurre en un mercado que alcanzó un valor de US$387,11 millones en 2025 y que, de acuerdo con informe “Mercado de Joyería en Chile (2026-2035), elaborado por Expert Market Research (EMR), podría alcanzar US$505,29 millones en 2035, con un crecimiento anual compuesto de 2,7%. El estudio identifica, entre las tendencias que están impulsando la industria, la creciente demanda por joyería artesanal y sostenible y una mayor preferencia por productos personalizados.
En el segmento matrimonial, esta transformación se expresa particularmente en la elección de argollas y anillos de compromiso. Para algunas parejas, la compra ya no se limita a escoger un diseño disponible, sino que incorpora preguntas sobre los materiales utilizados, su procedencia y quién está detrás de la fabricación.
Claudia Carvallo, cofundadora de la firma chilena Joyería Mao, explica que esta evolución también se refleja en el interés por la trazabilidad : «Ya no buscan solamente una pieza que les guste; también quieren conocer la historia detrás del objeto, desde donde se trabaja el metal hasta su procedencia . En ese contexto, certificaciones como Fairmined® permiten contar con mayores antecedentes sobre el origen del oro y las condiciones en que fue producido”. La preocupación por el origen de los materiales coincide con una transformación más amplia de la industria. El informe de EMR identifica la trazabilidad y la joyería sostenible como una de las tendencias del mercado chileno, junto con el crecimiento de alternativas como los diamantes cultivados en laboratorio, cuyo atractivo está asociado a su precio, trazabilidad y menor impacto ambiental.
A esto se suma un contexto particular para el oro. Durante 2025, el metal superó los US$4.000 por onza, reforzando su percepción no solo como material ornamental, sino también como un activo de valor. Según el informe, este escenario ha favorecido la demanda por piezas de mayor valor y ha modificado la manera en que algunos consumidores evalúan la compra de joyería.
En este escenario, la orfebrería de autor encuentra una oportunidad en la posibilidad de desarrollar piezas pensadas específicamente para cada cliente y concebidas para acompañarlo durante años. Dependiendo de las características de cada joya, un anillo puede recibir mantenimiento, ser ajustado de talla o incluso ser rediseñado con el tiempo, permitiendo conservar el metal y parte de la historia asociada a la pieza.
Así, las argollas y anillos de compromiso pueden adquirir un valor que va más allá de su función inicial. La personalización, el conocimiento sobre el origen de los materiales y la posibilidad de reparar o transformar una pieza contribuyen a que una joya deje de ser únicamente un objeto de consumo y pueda convertirse, con el paso del tiempo, en un objeto de valor familiar.
“Para los talleres de orfebrería local, esta evolución representa también una oportunidad para poner nuevamente en el centro el oficio, el trabajo a pequeña escala y la relación directa entre quien fabrica y quien compra, en un mercado donde el consumidor comienza a prestar atención no solo al resultado final, sino también a la historia que existe detrás de cada pieza”, concluye Claudia.
