¿Fin a lista de espera oncológica?

87

Por Héctor Sánchez, Director ejecutivo Instituto de Salud Pública UNAB

El balotaje ha impulsado a los candidatos en carrera a ampliar sus propuestas y adoptar ideas de otros candidatos que quedaron en el camino. Entre ellas destaca una de consenso aparentemente transversal: poner fin a las listas de espera oncológicas en un plazo de 100 días. Las razones son claras. En Chile, la demora en confirmar un diagnóstico de cáncer o iniciar un tratamiento deteriora de manera significativa la calidad y expectativa de vida de las personas. En oncología, la oportunidad no es un detalle técnico, sino un determinante del pronóstico del paciente.

La propuesta presentada por Evelyn Matthei, hoy recogida por ambos sectores, apunta en la dirección correcta desde una mirada sanitaria y social. Sin embargo, su viabilidad depende por un lado de la voluntad política y, por otro, de la capacidad real de articular una respuesta que integre todos los recursos disponibles. En efecto, para cumplir un objetivo tan acotado en tiempo, se requiere sumar la infraestructura y el capital humano del sistema público y del privado.

La experiencia ha demostrado que quienes no presentan objeciones ideológicas frente a la colaboración público-privada suelen avanzar con mayor rapidez. Sin embargo, preocupa que las listas de espera acumuladas desde la pandemia, y que no se han resuelto con las medidas aplicadas por el gobierno, pretendan solucionarse repitiendo las mismas estrategias. Para alcanzar el objetivo, se requiere un cambio sustancial.

El fortalecimiento del sector público es indispensable, pero toma tiempo. Implica reorganizar procesos, mejorar incentivos, contratar especialistas escasos y aumentar la productividad de los equipos diagnósticos y quirúrgicos. Por sí sola, esta vía no permitirá resolver un problema cuya magnitud supera la capacidad instalada.

Por ello, resulta imprescindible paralelamente efectuar compras ágiles de servicios al sector privado mediante mecanismos y licitaciones efectuadas por el Fondo Nacional de Salud. Allí existe infraestructura, personal y experiencia que pueden absorber una parte relevante de la demanda acumulada.

Si se pretende cumplir la meta de 100 días, la estrategia debe operar en ambos frentes: ampliar la producción del sistema público y aprovechar plenamente la capacidad existente en el privado. Cualquier plan que prescinda de uno de estos componentes estará condenado a quedar corto frente a la urgencia que enfrentan miles de pacientes.