Las expectativas

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“Se conoce como expectativa (palabra derivada del latín exspectātum, que se traduce como “mirado” o “visto”) a la esperanza, sueño o ilusión de realizar o cumplir un determinado propósito. Por ejemplo: “Tengo la expectativa de lograr algo grande con este muchacho”“Quiero devolver este televisor: la verdad que no cumplió con mis expectativas”. Cabe resaltar que, por lo general, la expectativa se asocia con la chance razonable de que algo se concrete. Para que las expectativas puedan nacer es necesario que tengan alguna clase de respaldo. Si no, se trataría sólo de un simple deseo que podría llegar a tener raíces irracionales o estar impulsado por cuestiones vinculadas a la fe.” Wikipedia

Es así como las expectativas se pueden relacionar con nuestros deseos y metas. En términos generales, al hablar de expectativas, lo podemos pensar como algo más pequeño o insustancial que las metas que nos proponemos, que suelen ser más concretas y están basadas en conclusiones acerca de lo que queremos y sabemos que son racionalmente alcanzables.

Si tengo una expectativa de una recompensa acerca de una acción realizada, ésta puede o no cumplirse. Si un niño de 12 años, por ejemplo, que nunca hace labores domésticas y lava la loza, puede tener la expectativa de recibir un abrazo de su madre y que si le solicita ir al cine, ella pueda concedérselo.

En otras ocasiones podemos tener expectativas menos reales, como podría ser mencionarle, una mujer a su marido que le gusta mucho un auto último modelo y que él no se dé por aludido y ni siquiera piense en comprarlo. Puede producirse una desilusión y decepción muy grandes.

En general, las expectativas de que algo suceda o no, es bastante variable y va a depender de si se ajustan a que la probabilidad de ocurrencia sea alta o no.

Al igual que las metas que nos proponemos, debemos tener claro y tratar de aterrizar nuestros deseos, para no frustrarnos y funcionar en base a sucesos realistas y alcanzables.

En el trabajo, sabemos realmente qué esperar y qué no. Pero muchas veces nuestras ansias y no ajustarnos a la realidad nos puede jugar una mala pasada y esperar más de nuestros compañeros o jefes que lo razonable que podemos obtener de ellos. Las ilusiones nos alejan de la realidad y de lo concreto.

Es difícil determinar cómo hacer que las expectativas sean reales y lograr desenvolvernos adecuadamente en base a aquellas que son concretas y alcanzables. El ideal es ir tras ellas. Pero los ideales y los sueños van más allá. La racionalidad se aleja de ello y es, justamente eso, a lo que debemos tratar de acercarnos.

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