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Lecciones de una catástrofe: comunicación al servicio del país

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Por Marcelo Silva, Channel Manager Hytera en Chile

Los incendios forestales que han afectado recientemente a la zona centro y sur de Chile han dejado una huella profunda: pérdidas humanas, comunidades devastadas y una presión inédita sobre los sistemas de respuesta ante emergencias. Cuando el fuego avanza sin control, cada minuto cuenta y cada decisión puede marcar la diferencia entre la contención o la catástrofe. En ese contexto, hay un factor que suele pasar inadvertido hasta que falla: la comunicación. Sin coordinación efectiva entre brigadas, autoridades y servicios de apoyo, incluso los mejores planes quedan reducidos a buenas intenciones.

Las emergencias de gran escala ponen a prueba infraestructuras completas. Redes eléctricas colapsan, las telecomunicaciones comerciales se saturan o quedan fuera de servicio y el acceso a información en tiempo real se vuelve limitado. Frente a este escenario, los sistemas de comunicación crítica —diseñados específicamente para operar en condiciones extremas— dejan de ser un complemento tecnológico para transformarse en un elemento estructural de la respuesta. La capacidad de comunicarse de forma inmediata, segura y confiable no es un lujo: es una necesidad operativa.

Las radios de comunicación profesional permiten mantener enlazados a los equipos en terreno aun cuando todo lo demás falla. Su robustez, autonomía, cobertura y posibilidad de operación independiente de redes públicas garantizan continuidad operativa en los momentos más complejos. Pero, más allá del dispositivo, lo verdaderamente relevante es lo que habilitan: coordinación táctica, protección de los equipos humanos, transmisión clara de órdenes y, en definitiva, una respuesta más eficiente y segura frente al riesgo.

Si algo nos dejan estas tragedias es la urgencia de aprender de ellas. Chile es un país expuesto a desastres naturales de diversa magnitud y los incendios forestales ya no pueden abordarse como eventos aislados o excepcionales. La planificación, la prevención y la inversión en tecnologías adecuadas deben formar parte de una estrategia de largo plazo, donde la comunicación crítica sea considerada infraestructura esencial para la seguridad pública, la protección civil y la continuidad operativa.

Mirando hacia adelante, el desafío no es solo reconstruir lo perdido, sino fortalecer nuestras capacidades para enfrentar lo que vendrá. Apostar por sistemas de comunicación confiables es apostar por una respuesta más humana, más coordinada y más efectiva. Porque cuando enfrentamos emergencias reales, no basta con reaccionar, sino que también debemos estar preparados. Y en esa preparación, la comunicación es —y seguirá siendo— un pilar irremplazable.