Nicolás Palacios y la raza chilena

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Imagen de Andrys Stienstra en Pixabay

Por Rafael Videla Eissmann.

Señor Director:

Don Nicolás Palacios (1854-1911) fue un médico y autor de, posiblemente, una de las obras más importantes escritas en nuestro país: RAZA CHILENA (1904), trabajo en el cual plasma años de observación y estudio de nuestra población –del “roto chileno”–. Sostiene Palacios que nuestra nación se halla cimentada fundamentalmente sobre dos factores étnicos –genéticos se diría hoy–: Los godos y los araucanos. Palacios ha expresado, en este sentido, que conformamos una de las últimas, sino la última de las razas históricas llegadas al escenario del mundo.

Esta fusión es el espíritu que ha guiado nuestra historia.

Su impronta se reconoce en el primer proceso independentista en figuras como los hermanos Carrera, Manuel Rodríguez, Bernardo O’Higgins, Ramón Freire, Mateo de Toro y Zambrano, Camilo Henríquez y Juan Egaña, por mencionar algunos ilustrativos ejemplos.

Y además, en determinados elementos simbólicos de la Independencia de Chile que revelan la conscientización del Volksgeist o Espíritu del Pueblo y de la soberanía nacional: El Escudo de la Patria Vieja y la Bandera de la Jura de la Independencia de Chile resultan trascendentales por constituir elementos tangibles de un EGREGOR, es decir, una “mente colectiva de grupo”, plasmado, codificado, a través de estos emblemas nacionales.

Lo que todo esto fue y más aún, lo que pudo ser –nuestro destino–, han sido socavados debido a la invasión propiciada por los funestos gobiernos de Michelle Bachelet y de Sebastián Piñera –fiel reflejo de la gran alianza Derecha-Izquierda–, por parte de elementos ajenos a nuestra nación y a nuestra historia. Se trata, en realidad, de una invasión cuyas consecuencias son la africanización de Chile. Es decir, la sustitución de nuestra población por los así llamados “nuevos chilenos”.

Esto se refleja en Santiago Centro, nauseabundo antro marxista y fiel reflejo de lo que significa la “diversidad” y el “multiculturalismo” propio de la favela latinoamericana, donde los chilenos son ya extranjeros, paradójicamente, en el centro político, cívico y cultural del país.