La seguridad ya no es solo un tema social o político. Hoy, se instala como una variable económica decisiva para atraer capitales y fortalecer la competitividad de los países. El caso de El Salvador, que ha logrado mejorar sus indicadores de inversión y turismo gracias a un giro en sus políticas de seguridad, abre un debate urgente para Chile.
Según cifras del Departamento de Estado de Estados Unidos, El Salvador alcanzó en 2024 flujos netos de inversión extranjera directa (IED) por US$639,6 millones, equivalentes al 1,8% de su PIB. En paralelo, Chile recibió US$15.319 millones, lo que representó el 4,5% de su PIB y lo consolidó como uno de los principales destinos de inversión en la región. Sin embargo, este desempeño se da en un contexto de crecimiento más moderado y con crecientes preocupaciones sobre seguridad interna.
El dinamismo salvadoreño ha estado acompañado por un boom turístico: 3,9 millones de visitantes en 2024, un alza de 17% respecto de 2023. A ello se suma un dato político clave: el 96% de los ciudadanos aprueba la gestión en seguridad, según la consultora CID Gallup. Para los inversionistas, este escenario se traduce en menor riesgo operativo y mayor confianza en la planificación de proyectos de largo plazo.
Rodrigo Ayala, presidente de la Agencia de Promoción de Inversiones y Exportaciones de El Salvador, lo resume así “la seguridad se ha convertido en un factor determinante para evaluar riesgos y proyecciones de largo plazo. Cuando existen condiciones de estabilidad, los proyectos pueden planificarse con mayor certidumbre”.
En nuestro país, la relación entre seguridad y economía también está en el centro del debate. Una encuesta de Ipsos revela que el 63% de los chilenos identifica el crimen y la violencia como su principal preocupación, un factor que empresarios y analistas vinculan directamente con el clima de inversión y la confianza empresarial.
La experiencia salvadoreña muestra que la seguridad puede ser un activo económico tan relevante como los incentivos tributarios o la infraestructura. En un escenario regional marcado por la competencia por atraer capitales, Chile enfrenta el desafío de fortalecer sus condiciones estructurales para mantener su liderazgo como destino de inversión.
